Los cristianos estamos perdiendo una batalla
"Una guerra ganada, pero una batalla que estamos perdiendo"
Gracias a Dios y al Señor Jesucristo, por la obra expiatoria que hizo en la Cruz del Calvario que nos dió la victoria sobre el pecado y sabemos con toda certeza que un día estaremos allá en el cielo con Él. No, por nuestras obras, sino por la obra de nuestro Salvador.
Hoy en día tenemos un problema grave: No somos capaces de llevar o transmitir el mensaje del evangelio, "las buenas nuevas". No sólo se trata de "repartir tratados", es y debe ser mucho más. Si Cristo está en mi vida, dejádmelo decir asín: debo ser yo mismo un tratado viviente. En mis pensamientos, en mi hablar, en mi hacer, en todo debe verse a Cristo en mí.
Satanás lo está consiguiendo. Quiere que seamos estériles, que no llevemos fruto. No quiere que otros conozcan a Cristo como su Salvador y hará todo lo posible para que estemos calladitos, y asín vayan perdiéndose todos lo que sean posibles.
¿Quieres como cristiano vivir tranquilo? No testifiques y Satanás te dejará tranquilo y estará contento contigo pero estarás pecando al no cumplir el primero de los mandatos que dió nuestro Señor: "Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15)
¿Quieres testificar para que otros sean salvos? La indiferencia que hoy en día vivimos en nuestra querida España nos enfría. Hablas de la biblia y te tratan como loco. Como dijo el mismo Señor Jesús: "Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á vosotros." (Juan 15:18)
Es una batalla dura: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires." (Efesios 6:12). Será una batalla con dificultades: pruebas, menosprecios, enfermedades, dificultades de todo tipo.
Querido hermano, sobretodo, es una batalla que vale la pena sufrir. Quiero que otros puedan conocer a Cristo, aunque sólo sea un alma fuera de las garras de Satanás, vale la pena. El corazón de Cristo se deshacía como la cera por amor a mí y a cada uno por salvarme (Salmo 22). ¿No se deshace mi corazón por algún familiar, amigo, compañero, vecino?. Piensalo.



